Durante la infancia el agua y el calor pueden ser sinónimo de juego y diversión, cuanto más cuando en el medio de la ciudad te encontrás con aguas danzantes.
Con total desinhibición se desafía el ritmo azaroso de los chorros solo con el deseo de ser alcanzado o alcanzada.
Este es uno de esos instantes en donde el deseo y la realidad se encuentran para que explote la diversión.
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