En un mercado de Otavalo, Ecuador, entre los pasillos
interminables vestidos de una variedad inmensa de productos textiles típicos me
encuentro con una mujer otavaleña.
Conversamos sobre su trabajo, sobre su vida cotidiana, sobre
mi origen y que me había llevado hasta Ecuador. Las luz del mediodía que pasaba
entre las telas daba una atmósfera cálida.
De ese instante guardo sus palabras y su mirada serena. Para
cerrar le pedí permiso para ratratarla. Bastó un clic para hacer fotosíntesis
de este instante.

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